viernes, 29 de mayo de 2009

No me gustan las historias tradicionales"


Golo es impredecible, maniático y obsesivo. Habita en Temporada de caza del león negro, una novela que igual recorre del humor a la angustia, narrada en veloces episodios que, por momentos, recuerdan al zapping de un televisor. Una agilidad que, según explica su creador, el escritor mexicano Tryno Maldonado (Zacatecas, 1977), responde a la propia hiperactividad del autor. "Me considero hiperactivo", explica. "No me gusta contar historias tradicionales".

Precisamente ésta, su segunda novela, se publica por primera vez en España. Maldonado, que acude a la entrevista con EL PAÍS ataviado con una chaqueta al estilo norteño, mira al café y explica que sus creaciones, impresas en papel o colgadas en un blog, son producto de una formación ecléctica. Temporada de caza del león negro no refuta su argumento. Se trata de una novela corta, que se lee a sorbos, en la que el narrador explica su relación con Golo, un anti enfant terrible dedicado al arte plástico. El libro retrata a un Golo caprichoso, talentoso y, por momentos, hasta entrañable. Su historia se cuenta en párrafos cortos y fugaces, de lectura trepidatoria. "Me interesa explorar nuevas formas de narrar. [En literatura] Las cosas no están hechas".
Habla con fundamentos. Su juventud contrasta con su prolífica carrera. En México ha publicado una antología de cuentos, Temas y Variaciones, y una novela, Viena roja (Joaquín Mortiz, 2004). Su trabajo también se incluye en Nuevas voces de la narrativa mexicana y Novísimos cuentos de la República Mexicana.
También es un asiduo blogger. Su bitácora virtual (atari2600.blogspot.com) es el vehículo para explorar sus aficiones y filias -una recién descubierta por el portal de micromensajes Twitter- y, claro está, para los relatos espontáneos que elige colgar en la web. "Tengo una necesidad para contar historias y, asimismo, descubrir distintas formas para relatarlas".
Maldonado, nombrado por la revista Gatopardo como uno de los escritores jóvenes más destacados de Latinoamérica, rechaza que exista una etiqueta que reúna a los creadores latinoamericanos en una sola corriente. "Es muy fácil etiquetar a la literatura para que sea más exportable. Los escritores son escritores, no se puede decir que sean similares sólo por compartir una generación o una región geográfica. No tenemos, ni formalmente, un punto en común".
Si acaso, la generación literaria a la que pertenece comparte la irreverencia por un posible "patriarcado" artístico y que es partidaria de una descentralización de la literatura. "Ya no se escribe bajo la sombra de un patriarca, existe una pluralidad que antes no se veía", puntualiza.
Temporada de caza del león negro demuestra la diversidad entre los temas y estilos de la nueva literatura latinoamericana. La novela narra con soltura una historia de amor que oscila entre la ternura y la obsesión. Golo no ha leído un periódico en su vida y entre sus obsesiones se cuentan el sexo, las drogas y los juegos electrónicos. Sin embargo, cuenta con un atractivo que seduce a hombres y mujeres y que le interna en el mundo del arte plástico. "Quería explorar ese mundo", explica.
El escritor, que vive en Oaxaca (sureste de México), explica que la aparición de nuevas plataformas representa una oportunidad para explorar su creatividad en lo que glosa como "literatura electrónica", sin "el tamiz de un editor". "Escribir en la web es muy distinto de hacerlo en un formato impreso. La inmediatez de los lectores, la periodicidad propia del medio, la inexistencia de un espacio fijo al cual ajustarse y el hecho de que no haya censura lo convierte en una experiencia creativa muy diferente".
"Es muy útil para que [los escritores] nos conozcamos". Sin embargo, al hablar de libros, subraya que las nuevas herramientas traen mejores posibilidades para explorar su mundo creativo. "Hay una transición, pero la literatura no va a desaparecer así como así".

Veronica Calderon

jueves, 7 de mayo de 2009

Picasso y Giacometti se estrellan en Sotheby's




Ya ni Picasso es lo que era. La crisis ha podido también con uno de los cinco artistas más cotizados del planeta. Las dos estrellas de la subasta celebrada el martes por Sotheby's en Nueva York, el retrato del pintor malagueño La fille de l'artiste à deux ans et demi avec un bateau y Le chat, de Giacometti, se quedaron sin comprador.

Simon Shaw, responsable del departamento de arte moderno e impresionista de la casa de subastas neoyorquina admitía desconcertado la realidad: "Ha sido la gran decepción del día, ambas son dos obras de arte excepcionales, de origen y cualidades extraordinarias y ambos habían sido objeto de admiración antes de la subasta". El picasso era el cuadro que Sotheby's había escogido como imagen del catálogo. Realizado en 1938, es el retrato de su hija Maya, concebida junto a Marie-Therese Walter y había permanecido en la colección privada del artista hasta 1973. Después pasó por varias manos hasta llegar a las de William Achenbaum, un empresario víctima del estafador Bernie Madoff, que trataba con su venta de recuperar efectivo. El cuadro se había valorado entre 16 y 24 millones de dólares (de 12 a 18 millones de euros), pero nadie estuvo dispuesto a pagarlos. Lo mismo le ocurrió a la otra estrella de la noche, la escultura de Giacometti Le chat (1951), cuya estimación rondaba el mismo precio y no había salido a subasta desde 1975.
El total recaudado por Sotheby's, 61 millones de dólares (45,8 millones de euros) -el 80% de los lotes ofrecidos- también queda lejos de los 223 millones (recaudados hace apenas seis meses, cuando ya había crisis pero el mercado del arte insistía en decir que a ellos no les tocaría).
Eso sí, la noche tuvo una triunfadora: Tamara Lempicka, cuyo Retrato de Marjorie Ferry, se vendió por 4,8 millones de dólares, el único récord de la subasta y récord para la artista.

Barbara Celis